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Reseña: La ley del espejo, Yoshinori Noguchi

19 abril 2016


La ley del espejo ha sido una lectura distinta, muy alejada del tipo de historias en las que me sumerjo en estos días. Últimamente siento que estoy encasillándome, que siempre leo el mismo género, y por eso he decidido abrir el abanico de oportunidades y sumergirme en otra clase de letras. La ley del espejo me ha hecho salir de mi zona de confort y me ha situado en un género al que no soy aficionada, la autoayuda.
A partir de una historia sencilla y emotiva, Yoshinori Noguchi (Hiroshima, 1963), un reconocido experto en coaching y asesoramiento psicológico, nos sitúa delante de un espejo para enfrentarnos con nuestro interior que es, en definitiva, el que determina todo lo que nos sucede en la vida.
Eiko está preocupada porque los niños del colegio maltratan a su hijo Yuta, y se siente totalmente impotente y sola ante un problema que no sabe cómo resolver. Hasta que su amigo Yaguchi le ofrece un método sorprendente que la hará vivir la situación más difícil de su vida: enfrentarse a sus fantasmas y seguir adelante con espíritu nuevo.
A medio camino entre el coaching y las constelaciones familiares, La ley del espejo nos reencuentra con una filosofía oriental renovada y nos propone pautas claras y efectivas para resolver de raíz los problemas de la vida.
Eiko está desesperada, su querido hijo, Yuta, sufre el maltrato de sus compañeros en el colegio. No tiene amigos, juega siempre solo y se niega a hablar con ella de su situación. Por su parte, su marido no le da importancia a algo que a ella le amarga los días. Finalmente, decide acudir a Yaguchi, un viejo amigo de su marido versado en psicología y con habilidades para la resolución de problemas. Con su ayuda, Eiko comprenderá mejor a su hijo y, lo que es más importante, descubrirá cosas sobre sí misma que lleva años ignorando.
Los acontecimientos que ocurren en la realidad son el <<resultado>>. Cada <<resultado>> siempre tiene una <<causa>>. Y esta causa se halla en su interior. Es decir, debe saber que su vida es el espejo que refleja su interior.
La ley del espejo nos enfrenta con la realidad de una mujer que vive desesperaba, agobiada porque su hijo es feliz. Son estas preocupaciones las que crean más tensión entre madre e hijo, cuya relación no goza de una buena comunicación, y provocan más estrés en Eiko, que no logra encontrar una solución al problema de Yuta. A través de las charlas con Yaguchi y mediante las leyes del espejo y de lo inevitable, Eiko volverá la vista hacia ella misma, encontrando las respuestas a sus preguntas y problemas. Aprenderá que los conflictos pasados sin resolver solo generan rencor y desasosiego, que con sus preocupaciones, normales para cualquier madre, está agobiando a su hijo y que no está siendo capaz de comunicar sus verdaderas emociones. Eiko aprenderá lo importante que es perdonar, el poder que le da a cualquier deshacerse de esa clase de sentimientos negativos. 
Los problemas que nos surgen en la vida aparecen para hacernos ver algo que es importante para nosotros.
Como podéis entrever, el mensaje de la historia me ha parecido interesante, válido y valioso. Lo que no me ha acabado de llegar ha sido la forma que el autor ha elegido para contarlo. Su estilo me ha parecido limpio, depurado y certero, pero a la historia de Eiko le han faltado las páginas que el autor ha empleado para incluir sus ideas sobre el perdón, la felicidad… de forma directa. La moraleja de la historia me ha gustado, pero que el autor dedique tanto espacio a darnos consejos de autoayuda no ha sido de mi agrado. Esto es algo completamente personal, por supuesto.

Me quedo con el importante mensaje que La ley del espejo nos envía, así como con los temas que se abordan entre sus páginas. El estilo del autor también me ha gustado, directo y eficaz. Ha sido esa parte final en la que el autor no nos habla a través de una novela sino mediante sus propias palabras, lo que no me ha acabado de convencer.