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Reseña: Styxx

03 junio 2014

Styxx
Autora: Sherrilyn Kenyon       Género: R. Paranormal
Editorial: Plaza&Janés           Serie: 23º Cazadores oscuros
Hace siglos, Aquerón salvó a la raza humana de ser aniquilada y se convirtió así en el primer Cazador Oscuro. Ahora, las fuerzas oscuras que amenazaban con consumir el mundo entero han sido liberadas y están empeñadas en vengarse.

La relación entre Styxx y su hermano Aquerón no ha sido siempre buena. Cuando eran mortales, se enfrentaban constantemente. Eran idénticos y eso no hacía más que empeorar las cosas. Incomprendido por casi todos, Styxx responsabilizó a Aquerón de miles de años de aislamiento.
Pero la sangre es la sangre, y ahora Styxx tiene la oportunidad de ser leal a su hermano, aunque eso suponga arriesgar su existencia y el futuro. Sin embargo, es difícil jugarse la vida por alguien que intentó arrebatártela, aunque sea tu gemelo.
Si vais a leer Styxx, como creo que deberíais hacer, comprad un paquete enorme de Kleenex. Creedme, os van a hacer falta. Kenyon se atreve a contarnos la historia de un personaje odiado, el cruel Styxx, hermano gemelo de uno de los personajes más queridos de la saga, Aquerón, cuya historia nos robo el corazón a muchas, y lo hace sabiendo que tiene a los lectores en su contra. Pero la autora, que se las sabe todas, es capaz darle la vuelta a la situación y en pocas páginas ya adoras a Styxx, pues te das cuenta de que la historia no es como pensabas, que al conocer la otra cara de la moneda, la versión cambia completamente. Styxx es un hombre que ha vivido en una completa soledad, mucho más profunda, dolorosa y duradera que la de su hermano, que ha sido juzgado cruel e injustamente, odiado sin motivos y traicionado por todos. Styxx es un héroe, un hombre que se ha forjado en las llamas del infierno, que ha conocido todo lo malo que existe en este mundo y en los de más allá. Ha sido humillado, vejado, abandonado, atacado… y, a pesar de todo ello, conserva cierto toque de inocencia y dulzura, pero la tristeza, la soledad, la falta de cariño, calor y humanidad han dejado una huella indeleble en él. Dioses y humanos, familia y súbditos le han destrozado la vida, han quebrado su alma y le han condenado a una vida de maldad, remordimiento, vergüenza, soledad y tristeza.

Si la historia de Aquerón os pareció dura, está es incluso peor. Sí, hay muchas desgraciadas similitudes entre las historias de ambos hermanos, pero son diferentes.  Styxx es una bestialidad, un horror, un libro que te pone los pelos de punta y mal cuerpo. Y las lágrimas… las lágrimas acuden a ti sin demora, es imposible retenerlas, porque nadie puede ser testigo de semejantes horrores y permanecer impasible. No es humano. “¡Por favor, para ya! ¡Es suficiente, detenlo!” han salido de mi boca en más de una ocasión. Me he sentido cabreada y desesperada por la mala suerte y la crueldad que destrozan a Styxx. La autora casi se recrea en el drama, no me hubiera importado que le restase algunas páginas a esa parte de la historia –para ahorrarme tantos malos ratos–, y que las hubiera añadido al final.

Como pasó en Aquerón, la novela está dividida en dos partes: el pasado y la actualidad. El pasado ocupa más de las tres cuartas partes del libro, está repleto de detalles, es muy descriptivo y atroz. Permite un acercamiento al contexto, a la situación familiar de los gemelos y a las disputas y los tejemanejes  de los distintos panteones. En cuanto a la actualidad, es una parte repleta de acción, aunque un pelín precipitada, sobre todo en su  resolución. La parte romántica tiene hueco en la historia, no podía ser de otra manera, pero no me ha llegado tanto como me hubiera gustado. Styxx podría haberse convertido en un capullo, en alguien frío, inhumano, desalmado y vengativo después de todo lo que le hicieron, pero sus buenos sentimientos salen siempre a relucir; es alguien bondadoso, generoso, apacible y sencillo. Toda su historia hace que te enamores de él de forma irremediable, llegas a encumbrar al personaje y por eso mismo, porque le has colocado en un altar, esperas que su media naranja esté a su altura, que te emocione casi tanto como él. Que entre ellos surjan chispas, que su relación haga que tu corazón bombee más deprisa. Y, cuando eso no pasa, sientes que algo te ha fallado. Y eso es lo que me ha pasado a mí con esta pareja: me la he creído y me han dado momentos bonitos, pero me han faltado intensidad y magia. Bethany es lo que Styxx quiere, ese amor y entrega que él tanto ha anhelado siempre, y por eso mismo la respeto, aunque me ha faltado algo en el personaje, quizá una mayor devoción hacia su hombre.

¿Qué más os puedo contar? Bueno, aunque a muchos no nos guste, Ash se cae del altar en el que le teníamos situado. Conocer la otra parte de la historia pone todo en perspectiva y nuestro chico no sale muy bien parado. La gran aparición de Urian añade jugo a la historia, lo mismo que las divertidas escenas de Simi, que me ha arrancado más de una sonrisa.

La historia es larga (más de ochocientas páginas), pero una vez que te sumerges en ella es imposible parar. Tiene menos sentido del humor que la mayoría de los libro de la autora, pero no me ha extrañado pues la trama es demasiado oscura, bestial y dura como para salir con chascarrillos. El estilo de la autora es ágil, directo y sencillo, capaz de transportarnos miles de años atrás, y, sobre todo, capaz de horrorizarnos con las vivencias de Styxx.

Después de una reseña un tanto caótica en la que he intentado no desvelaros nada importante y solo transmitiros mis sensaciones, no me queda más que recomendaros la lectura de Styxx, un libro que emociona y te desgarra, que está comandado por un personaje que llega al lector, por un hombre de infancia cruel y vida repleta de vejaciones, que aun así es todo corazón, bondad y sencillez. Mitología, acción y amor, todo ello de la mano de una de las grandes: Sherrilyn Kenyon.

Reseña: Tiempo sin tiempo

21 diciembre 2013

Tiempo sin tiempo
Autora: Sherrilyn Kenyn
Serie: 22º- Cazadores Oscuros
Editorial: Plaza & Janés

Kateri es una joven geóloga de ascendencia cheroki. Como científica, no debe ni puede creer en las leyendas milenarias que le contaba su abuela. Sin embargo, desde su infancia vive atormentada por sueños perturbadores. En todos ellos aparece un desconocido de pelo oscuro, que o bien lucha a su lado o la apuñala hasta matarla...
Doce días antes del 21 de diciembre de 2012, la fecha del fin del mundo según el calendario maya, Kateri descubre que es descendiente, por línea femenina, de las Guardianas del Apocalipsis y que, por lo tanto, tiene en su poder las llaves del inframundo.
Entonces aparece Ren, el guerrero misterioso protagonista de sus sueños, un Cazador Oscuro maltratado por todos y por todo, alguien a quien han traicionado tantas veces que está acostumbrado a proteger y aislarse. Pero ahora, desafiando a la profecía que pesa sobre él, siente que debe defender a esa hembra humana, la única que puede evitar que el mundo se acabe, y la primera persona que le enseñará que el amor existe.
Tiempo sin tiempo refleja muy bien quién es Sherrilyn Kenyon: acción, amor, ironía, sentido del humor, ritmo ágil y una historia que se devora en una tarde. Es cierto que esta no es una de sus mejores historias, pero la he disfrutado igual pues he reconocido en ella a una autora que me gusta mucho y he vuelto a disfrutar de una saga que sigo desde hace años y que me ha deparado muy buenos momentos. Sé que a muchos les da pereza comenzar a leer la saga de los Cazadores Oscuros, son demasiados libros, dicen, pero lo cierto es que merece la pena y que, en muchos casos, leemos otros libros, independientes o que forman partes de series más cortas, que merecen menos la pena y no tienen tanta historia dentro del género.

Kateri, a pesar de sus raíces, no cree en la magia; ella es geóloga y, como científica, se deja guiar por la razón y no por sueños y supercherías. Pero llega un momento en el que no puede obviar más sus sueños, esos que se ven poblados por un misterioso hombre, y cuando el peligro acecha y Ren, el hombre de sus sueños, aparece, todo se desbarata. Kateri es en realidad la heredera de un legado mágico incalculable, y en sus manos está salvar el mundo antes del 21 de diciembre de 2012. Ren tiene la oportunidad de ser feliz, pero solo si se abre, acepta sus sentimientos y corre riegos.

Amor y aventura es la fórmula que Kenyon nos ofrece, aunque no están completamente equilibrados: la parte romántica no se ve eclipsada por la acción, mientras que esta a veces se deja un poco de lado. A pesar de mis buenas sensaciones con el romance entre Ren y Kateri, he sentido su historia como demasiado precipitada, demasiado parecida a un amor a primera vista, que, además, se desarrolla bajo circunstancias límites y que te hace sentir que no ha habido situaciones y normalidad suficientes como para que surja algo verdaderamente consistente. Pero claro, Kenyon tiene ese algo que logra que su pareja te conquiste. Ren no ha conocido la bondad, la generosidad ni el amor, su vida ha estado dedicada a la lucha y ha estado marcada por la traición; pero bajo esa dura capa de hielo se esconde una fragilidad que te conmueve. Ren, consciente de sus debilidades, sabe que es capaz de llegar a mendigar por un poco de cariño, los gestos más sencillos le afectan y sorprenden (por ejemplo, que le llamen corazón le emociona, nadie lo había hecho antes de Kateri) y la calidez y naturalidad de Kateri la abren un nuevo mundo de sensaciones y posibilidades. Los contrastes entre ambos, lo bien que sabe ella leerle, prever sus necesidades y calmarle me han hecho disfrutar mucho.


A pesar de que me lo he pasado bien leyéndolo, me costó un poco engancharme, aunque llegó un punto en el que no pude dejar de leer. Reconozco que la historia es demasiado breve para que se profundice en ciertos aspectos, sobre todo en el pasado de Ren, con el detalle que me hubiera gustado. Me sigue gustando el sentido del humor tan particular de Kenyon, así como sus latigazos sexuales, con esas frases tan crudas y honestas, que reflejan tan bien la pasión de los personajes. Me ha gustado reencontrarme con viejos conocidos Urian, Talon y Sundown, y me ha encantado el epílogo, con mucho azúcar, ideal para terminar la lectura con una enorme sonrisa.