Autor: Adriana Abenia Género: Narrativa
Editorial: Espasa ISBN: 978-84-670-2129-5
Tras publicar su primer libro, Cecilia, una joven incapaz de librarse de los demonios de su pasado, recibe la inesperada oferta de un misterioso editor francés: escribir su segunda novela en un apartamento a su disposición en el corazón de París.Impulsiva, Cecilia acepta. Para su sorpresa, una vez allí, descubre que el piso es una réplica exacta del que aparece en su novela y que el editor es su vecino, un hombre que le atrae mucho pero que, por algún extraño motivo, despierta en ella temores dormidos y abre una vieja herida que se resiente con la lluvia.
Haciendo gala de una manifiesta superficialidad, lo primero que hizo
que posase mis ojos en Lo que moja la
lluvia fue su cubierta, que además de preciosa, está en sintonía con la
trama (para que luego las editoriales no cuiden esta parte tan importante, que
resulta ser lo primero que le llega al lector). Una vez dicho esto, toca hablar
de la historia.
Basta respirar para que el tiempo pase. Demasiado rápido.
Lo que moja la lluvia comienza de una forma
placentera, narrándonos la infancia de la protagonista, Cecilia. Durante estas
primeras páginas conocemos cómo fue su infancia (agradable, normal), cómo era
su familia y, finalmente, lo que cambió su vida por completo, ese final de
verano que hizo que su vida tomase un rumbo muy diferente. Años después,
Cecilia ha triunfado con su primera novela, que ha conquistado al público, y
vive tranquilamente en Ibiza, cuidando de la casa de una muy buena amiga. Su vida
volverá a dar un giro inesperado cuando un editor francés le ofrezca escribir
una segunda novela en París, con un contrato muy ventajoso y que la ofrece
mucha libertad. Propuesta que Cecilia aceptará.
Casi desde sus primeras páginas se comenzó a apoderar de mí un
sentimiento de inquietud, por muy bien que le fueran las cosas a Cecilia no
podía deshacerme de la sensación de que algo malo iba a ocurrir. Y tanto el
contexto como la protagonista contribuyen a acrecentar esta sensación.
La infancia, aquella etapa en la que elevas cometas al viento, era el momento en que se forman los gustos. A medida que creces, van cobrando fuerza y se hacen más sólidos. Tal vez por eso, a lo largo del rompecabezas de la vida te esfuerzas en buscar algo parecido. O idéntico.
La autora tiene un estilo sencilloy es bastante detallista en
cuanto al contexto, preocupándose mucho por ofrecer información detallada sobre
los lugares y sensaciones que rodean a la protagonista. En cierto momento creo
que la autora se ha extendido en la descripción de algunas escenas que aportan poco a la trama y
que hicieron que el ritmo se ralentizase un poco.
Cecilia está muy bien definida. No es una protagonista que despierte
rápidamente la simpatía del lector, cuesta comprenderla, pero su historia,
retorcida, oscura y ambigua, logra enganchar al lector, que se pasa gran parte
de la novela creyendo intuir lo que la ocurrió en el pasado y tratando de
anticipar lo que va a ocurrir, porque, otra cosa no, pero tienes la sensación
de que el peligro está a la vuelta de la esquina.
Las palabras te pueden acercar a alguien…, aunque sea a miles de kilómetros.
La relación que Cecilia establece con su editor es extraña y
perturbadora. No es una relación romántica común, se presiente que va a ser
oscura, él no se comporta de una forma
lógica y ella tiene demasiados fantasmas a su alrededor. Creo que tanto el
desarrollo como su desenlace con correctos, sobre todo este último, que ha
logrado sorprenderme y dejarme con varios interrogantes.
¡Qué gran verdad eran las mentiras! Las fantasías adquiridas y alimentadas durante la infancia determinan la manera en la que percibimos cada uno de nosotros la realidad. Lo subjetivo es capaz de marcar toda una vida. Tanto o más que lo objetivo.
Lo que moja la lluvia es una novela breve, que se lee con mucha facilidad y que ha conseguido intrigarme hasta el final, sorprendiéndome con su desenlace.
