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Reseña: Tu mentira más dulce

09 junio 2013

Tu mentira más dulce
Autora: Maria Goodin              Género: Narrativa
Editorial: Roca                         ISBN: 978-84-9918-585-9
La vida no es ficción ni realidad, sino todo lo que hay en medio...Meg creció en un mundo donde la comida y la fantasía se mezclaban, donde su madre la dejó reposar en la despensa, como si fuera un pan, porque era un bebé muy menudo y tenía que crecer; y utilizaba sus dientes de leche como abrelatas, de lo afilados que eran. Esto es, hasta que Meg cumplió los cinco años y sus compañeros del cole se empezaron a burlar de ella por todas las mentiras que su madre le contaba y que ella se creía... Ahora, con veintitantos, Meg es una científica, que le ha dado la espalda a la ficción y la fantasía y que deja que la lógica pura dirija su vida, sin concesiones. Sin embargo, cuando la madre de Meg enferma y ella intenta aplicar su forma de hacer las cosas, la madre sigue con sus cuentos, su obsesión por la cocina y rechazando enfrentarse a su enfermedad. Poco a poco, Meg consigue ir descubriendo la realidad sobre su infancia y se tendrá que enfrentar a una decisión: o bien asumir la dura realidad o rodearse de un mundo maravilloso de mentiras.
¡Cómo he llorado con Tu mentira más dulce! La historia me ha llegado, me ha emocionado y me ha hecho recordar. No sabía muy bien que esperarme, quizás una novela agradable y bonita, algo ligero. Pero la realidad es que, sin dejar de ser una novela bonita, es agridulce, triste y esperanzadora a la vez. Tu mentira más dulce nos habla de la vida, cruel e injusta en demasiadas ocasiones, de la familia, del amor y de los sueños truncados.

Meg lleva una vida ordenada, es una científica de éxito, racional, tranquila y lógica, que ha encontrado a su pareja perfecta en un profesor de universidad, igual de cuadriculado que ella. Pero su madre está enferma y se ve obligada a dejar de lado ese mundo que con tanto esmero se ha construido para regresar a un mundo mágico y de fantasía que juró abandonar cuando tenía ocho años. Valerie, su madre, es algo excéntrica (loca la llaman algunos) y no parece vivir con los pies en la tierra, no habla de su enfermedad, a la que ignora por completo, y sigue dando explicaciones absurdas para todo lo que sucede a su alrededor. Meg se desespera, no entiende a su madre y se avergüenza de ella, pero la quiere y poco  a poco irá descubriendo cosas de su madre que lograrán que vea su vida de otra manera.
-Esos malditos perritos calientes se han pasado toda la tarde ladrando dentro del armario -le dijo Lucy mientras ponía la merienda en la mesa-. Supongo que querrían que les sacara a dar un paseo, pero ya he intentado otras veces sacar a pasear a un perrito caliente y la verdad es que es muy difícil encontrar un collar que le quede bien.
La magia envuelve esta historia, esa mezcla de fantasía y realidad (tan bien lograda, por cierto) atrapa al lector. Ha sido una delicia leer las historias que se inventaba la madre de Meg, una mujer que supo hacer mágica la infancia de su hija, y también su vida, que lo revistió todo de fantasía, ilusión, imaginación, esperanza, poder, alegría, cuentos, sonrisas…

El estilo de Maria Goodin me parece impecable, cuidado, lleno de detalles y  matices. La autora tiene una imaginación desbordante, que captura a adultos y a niños, y toma como portavoz a Valeria, que hace que todo sea mucho más especial. No es un libro difícil de leer, disfrutas haciéndolo, te sumerges en historias de dioses, recetas, judías trepadoras, en niñas tan dulces que la gente metía sus deditos en el té para endulzarlo … Metáforas, moralejas, reflexiones y cuentos pueblan la historia.

Uno de los temas más difíciles y que la novela trata con bastante acierto es el de la pérdida de un ser tan querido como es un progenitor. Todo lo que pasa por la mente de Meg, los miedos, el dolor, el arrepentimiento, la desesperación, el sufrimiento, esa sensación de que no te llega el aire… me ha parecido dolorosamente real y me ha tocado la fibra sensible.

Reconozco que me ha costado conectar con Meg. En ocasiones me parecía demasiado fría e incluso altanera, pero también he llegado a comprenderla, sobre todo a medida que avanza la historia. Con Valerie, la madre, no he tenido estos problemas. He sentido una simpatía inmediata por ella, por su vitalidad y su paciencia, pero también he sentido compasión por todo lo que ha tenido que vivir. Creo que la autora podría haber caracterizado mejor a Mark y Ewan, un par de secundarios que aunque no son vitales para la historia, resultan demasiado estereotipados.

Tu mentira más dulce es una novela sensible y agridulce, con un estilo muy cuidado y un mensaje muy importante.